Igualmente les aseguró a todos sus discípulos: «Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20). Esta consoladora promesa debe tomarse textualmente y por lo tanto significa que, efectivamente, Jesús estará acompañando y guiando –junto con el Espíritu Santo– a su Iglesia.
Por supuesto que esta acción de guía y ayuda es igual o más válida para quienes hacen cabeza en su Iglesia y, por lo tanto, principalmente en el Papa (cabeza de la Iglesia y representante de Cristo en la tierra). De esta certeza es de donde se basa la Iglesia en asegurar la infalibilidad del Papa. En Lumen Gentium, 25 se lee que «El Romano Pontífice, Cabeza del Colegio episcopal, goza de esta infalibilidad en virtud de su ministerio cuando, como Pastor y Maestro supremo de todos los fieles que confirma en la fe a sus hermanos, proclama por un acto definitivo la doctrina en cuestiones de fe y moral».Y añade refiriéndose a los obispos: «La infalibilidad prometida a la Iglesia reside también en el Cuerpo episcopal cuando ejerce el magisterio supremo con el sucesor de Pedro».
El Papa es hombre como todos nosotros, así que está sujeto a la posibilidad de error, pero sólo en materia opinable. No hay que tomar como Ley que el equipo de fútbol al que le va el Papa es el que todos los católicos debemos apoyar en el mundial, ni que la marca de pasta dental que usa sea la que debamos comprar todos. Sólo cuando habla como Pastor y Maestro supremo, refiriéndose a nuestra posición en materias de fe y moral (como el tema del aborto, eutanasia, etc.), entonces no nos quepa la menor duda de que es Dios el que nos está indicando nuestro proceder.
¡Qué confianza nos da el saber que Dios SIEMPRE estará con nosotros –con toda la Iglesia– ayudándonos contra ese que quiere alejarnos de Él y que quiere evitar que lleguemos a nuestro fin último: gozar de la presencia de Dios eternamente! Por eso exclama la Iglesia: «¡Todos con Pedro; a Jesús, por María!».